Escucha empática: 9 estrategias para una comunicación compasiva

Una de las habilidades de crecimiento personal y relacional más valiosas que puedes aprender es la escucha empática (también llamada escucha activa).

Es una habilidad que no sólo sirve a los demás, sino que también te lleva a convertirte en una persona más cariñosa, compasiva y paciente.

Es una habilidad esencial que debes dominar tanto para tus interacciones personales como profesionales.

Tal vez seas una persona a la que los demás buscan de forma natural para compartir sus problemas o frustraciones.

O quizá te gustaría ayudar a alguien cercano que tiene un dilema y no sabe qué hacer.

Si estás casado o tienes una relación sentimental, la capacidad de escuchar con empatía puede crear una relación sana y feliz, en lugar de una plagada de conflictos y malentendidos.

La forma en que escuchas a la gente puede marcar la diferencia para ellos y para ti.

¿Qué es la escucha empática?

Puede que creas que escuchar con empatía significa sentir lástima por otra persona. Pero es mucho más que eso.

La escucha empática tiene un enorme valor terapéutico para las personas que se enfrentan a un problema, ya que les permite resolver sus dificultades en compañía de un oyente atento y comprensivo.

A medida que el interlocutor se escucha a sí mismo, va comprendiendo mejor su problema y está mejor preparado para encontrar una solución.

Cuando se sienten escuchados, se quitan un peso de encima y se sienten menos estresados y confusos.

¿Por qué es importante la escucha empática? Como oyente activo, permites que el interlocutor aumente su autoestima y su conciencia de sí mismo simplemente con tu disposición a escucharle.

Escucha empática:

✅ Crea un espacio seguro para la resolución de conflictos y la solución de problemas.

✅ Fomenta el respeto, la confianza y el entendimiento mutuo.

✅ Alivia tensiones y discordias.

✅ Fomenta un intercambio más profundo de sentimientos e información.

La escucha empática no es una habilidad natural de dominar, principalmente porque la mayoría de nosotros preferimos hablar a escuchar. Es más complicada que la escucha básica porque la escucha empática suele ser necesaria cuando el interlocutor está dolido, enfadado o molesto.

Dice el experto en mediación y autor, Gregorio Billikopf, «La escucha empática requiere que acompañemos a una persona en su momento de tristeza, angustia, autodescubrimiento, desafío (¡o incluso de gran alegría!).»

Cómo practicar la escucha empática

La escucha activa y empática no forma parte de una conversación en el sentido tradicional. No hay un simple diálogo ni se compite por hablar.

Con la escucha empática, todo gira en torno a la otra persona y a lo que intenta comunicar: con sus palabras, con las palabras que deja sin decir y con sus emociones.

El principal objetivo de la escucha empática es comprender lo que dice la otra persona y darle espacio para que se sienta escuchada y validada.

Como oyente empático, debes estar dispuesto a hacer lo siguiente:

  • Deja que la otra persona dirija la conversación y determine el tema a tratar.
  • Permanezca totalmente atento a lo que dice la otra persona.
  • Evita interrumpir, aunque tengas algo importante que añadir.
  • Haz preguntas abiertas que inviten al orador a dar más explicaciones.
  • Evita llegar a conclusiones prematuras u ofrecer soluciones.
  • Refleja al orador lo que le has oído decir.

Además de estas acciones, la habilidad más importante que puedes ofrecer es la empatía. La empatía requiere la voluntad de ponerse en el lugar de la otra persona, para que se sienta escuchada sin juzgarla.

La empatía es la nota de gracia de la escucha empática, ya que permite al interlocutor sentirse seguro, reconocido y valorado. Con la empatía, le estás diciendo al interlocutor: «Quiero escuchar lo que dices. Entiendo tu situación y quiero que te sientas seguro de que no te estoy juzgando».

A menudo queremos dar soluciones a las personas y decirles lo que creemos que las hará más felices, más exitosas, más seguras de sí mismas.

Este enfoque nace de un deseo sincero de mejorar la vida de las personas, pero puede ser una reacción instintiva porque, como cultura, estamos muy orientados a las soluciones. Nos impacientamos con demasiado discurso y muy poca resolución.

Ejemplos de escucha empática

Supongamos que tu cónyuge acude a ti y te dice: «Estoy muy disgustado por la forma en que te burlaste de mí delante de nuestros amigos en la cena».

Una primera reacción natural es ponerse a la defensiva e incluso sentirse irritado. Tu estabas jugando y crees que tu cónyuge exagera o se muestra demasiado sensible.

Podrías decirle estas cosas a tu cónyuge, pero se sentiría desoído e incomprendido. Y perderás la oportunidad de relacionarse con tu cónyuge y empatizar con su dolor.

Una forma mejor de responder sería dejar de hacer lo que estás haciendo, sentarte con tu cónyuge y prestarle toda tu atención. A continuación, entabla una conversación de escucha empática como ésta:

Tú: «Lo siento, cariño. Cuéntame más sobre cómo te hicieron sentir mis burlas» (Estás invitando a tu cónyuge a seguir hablando y compartiendo).

Tu cónyuge: «Me avergüenza porque me hace parecer tonta e insegura sobre algo que valoro. Y no me gusta que te burles de mí delante de otras personas».

Tú: «Así que cuando me burlo de ti, sobre todo delante de los demás, no te sientes confiada y segura. Y preferirías que no me burlara de ti delante de los demás. ¿Verdad?» (Estás validando y reflejando las palabras de tu cónyuge para confirmarlas).

Tu cónyuge: «Sí, pero es más que eso. También siento que no me respetas y que estás dispuesto a hacerte el gracioso a mi costa. Y eso duele».

: «Vaya, no lo había pensado así. Entiendo que mis burlas puedan parecerte un menosprecio o una falta de respeto. No quiero hacerte daño y lo siento. ¿Hay algo más que quieras decir?» (Estás honrando los sentimientos que tu cónyuge ha compartido, mostrando empatía e invitando a seguir hablando).

Tu cónyuge: «Preferiría que no me tomaras el pelo en absoluto, especialmente sobre cosas que son importantes para mí.» (Tu cónyuge dice la última parte con un fuerte lenguaje corporal).Tú: «Te escucho y dejaré de burlarme de ti porque ahora sé lo hiriente que es. Me alegro de que hayas compartido esto conmigo. ¿Cuáles son las cosas más importantes para ti?»(Has validado a tu pareja y le has ofrecido cambiar tu comportamiento. Además, te has fijado en el lenguaje corporal y has hecho una pregunta abierta para invitar a más conversación).

He aquí 9 estrategias para practicar la escucha empática

1. Tómate tu tiempo

La escucha activa y empática requiere tiempo. El interlocutor necesita sentir que dispone de todo el tiempo del mundo para liberar la avalancha de sentimientos y preocupaciones que ha reprimido en su interior. Sólo cuando liberan este cúmulo de emociones pueden por fin tener claridad y capacidad para llegar a conclusiones.

Es fácil perder la paciencia con un interlocutor que está procesando sus sentimientos y articulándolos a través de la niebla de la emoción o la confusión. No se puede meter prisa al interlocutor en este proceso ni esperar que acepte una solución rápida. La paciencia es imprescindible si de verdad quieres ayudar a alguien.

2. Ofrece empatía, no simpatía

A veces disfrazamos la escucha empática con palabras de simpatía. Tal vez hayamos vivido una situación similar, así que la compartimos para que el interlocutor sepa que le comprendemos.

Para el interlocutor que intenta procesar emociones difíciles, puede parecer que le estás robando el protagonismo o desviando la atención hacia ti.

La verdadera escucha empática requiere que dejes tus historias y experiencias en la puerta. No necesitas compartirlas para que el interlocutor sepa que entiendes lo que está diciendo. La empatía dice: «Te entiendo», en lugar de «Te entiendo porque yo lo he pasado aún peor».

3. Presta atención al lenguaje corporal

Tu cuerpo entero tiene que hacer saber al interlocutor que estás plenamente presente. Apaga el teléfono para no tener la tentación de mirarlo. Intenta no desviar la mirada para prestar atención a los que te rodean. Mantén una postura abierta, de aceptación, con los brazos y las piernas sin cruzar.

Inclínate mientras la otra persona habla y mírala a los ojos de vez en cuando (pero no constantemente). Intenta no moverte ni moverte para mostrar impaciencia o irritación.

Presta también atención al lenguaje corporal del orador. ¿Qué está comunicando con sus expresiones faciales, la posición de brazos y piernas o sus movimientos?

4. Abstenerse de soluciones

Por mucho que quieras intervenir y salvar el día con la solución perfecta, no lo hagas. Limítate a escuchar, asentir, hacer pequeños comentarios que demuestren que has oído lo que se ha dicho.

Pero no interrumpas el proceso por el que está pasando el interlocutor mientras se abre camino hacia una solución.

Por lo general, si esperas, la otra persona llegará a la misma conclusión. Si te piden directamente una solución, no la ofrezcas de inmediato.

Pregúntale al interlocutor qué te sugeriría si se invirtieran los papeles. Intenta siempre devolver el poder a la otra persona.

5. Utiliza preguntas abiertas, empáticas o sin respuesta

Utiliza preguntas reflexivas y abiertas (que requieran algo más que un «sí» o un «no» por respuesta) para invitar al orador a reflexionar y reflexionar más profundamente. Puede preguntar: «¿Qué te ha parecido? O «¿Cuál crees que sería el mejor paso siguiente?».

También puedes hacer preguntas empáticas relacionadas con el estado emocional del interlocutor. Puedes preguntar: «¿Qué sentiste cuando pasó eso?». Puede que notes que el interlocutor parece triste (o enfadado o temeroso), y puedes decir: «Tu expresión parece triste. ¿A qué se debe?

Intenta no utilizar preguntas capciosas con la intención de dirigir al interlocutor hacia tu solución. Tu objetivo es ayudarles a ser más claros y conscientes de sí mismos.

Una forma de hacerlo es con una pregunta colgante. Este tipo de pregunta es una pregunta incompleta del tipo: «Y si tuvieras que hacerlo otra vez, podrías…». Deja las cosas en suspenso, sin respuesta, para que el interlocutor pueda determinar el rumbo de la conversación.

6. Pide más

A menudo, un orador ofrece una migaja de información, y uno se da cuenta de que es sólo la punta del iceberg. Sabes o sospechas que hay más información bajo la superficie, y todo lo que necesitan es un empujoncito para revelarla. Aunque no sospeches que hay más, normalmente lo hay, así que siempre merece la pena preguntar.

Una pregunta tan sencilla como «¿Hay algo más?» puede desvelar más de la historia o las emociones que hay detrás de ella. Puedes hacer esta pregunta varias veces (tal vez ligeramente reformulada) hasta que quede claro que el interlocutor no tiene nada más que añadir sobre el tema.

7. Repite una frase o palabra

Cuando el orador comparte información importante, puede concluir con una frase o afirmación que exprese su dolor, preocupación o frustración.

Por ejemplo, el interlocutor puede contar que ha sido traicionado por una amiga y concluir diciendo: «Estoy tan enfadado que no quiero volver a hablar con ella». Puedes repetir: «Estás tan enfadado que no quieres volver a hablar con ella». O puedes decir simplemente: «Estás muy enfadado».

Esta respuesta permite a la persona que habla saber que la estás siguiendo y le da una señal para que añada algo más o aclare su afirmación. Cuando repitas la palabra o frase, intenta imitar el mismo tono de voz que utilizó el hablante. No la repitas como una pregunta ni con ningún juicio de valor.

8. Permitir silencios

Los silencios prolongados pueden resultar incómodos, pero resiste el impulso de llenar el silencio con tus sugerencias o comentarios. Deja que el orador utilice el silencio para procesar sus pensamientos y luego rompe el silencio cuando esté listo para hablar.

Cuando les das este espacio sin interrumpirles, les haces saber que estás ahí para ellos y dispuesto a concederles el tiempo que necesitan para ganar claridad. Cuando un orador se da cuenta de que no vas a interrumpirle, tiene libertad para ralentizar el proceso y procesarlo más internamente, lo cual es necesario para el pensamiento analítico.

Puede que estos silencios y la lentitud de la conversación te resulten difíciles de manejar. Pero es un verdadero regalo estar presente y dejar al orador la libertad de reflexionar y expresarse a su propio ritmo.

9. Mantén la calma

Si el orador comparte información intensa, emotiva o perturbadora, es difícil no expresar tus propias emociones o juicios. Puede que sientas la necesidad de reaccionar con sorpresa, desacuerdo o incluso a la defensiva.

Si la persona que habla es tu cónyuge o pareja sentimental y el tema de la conversación está relacionado contigo (como en el ejemplo anterior), es aún más difícil contenerse para no reaccionar.

Pero es imposible ser un oyente activo cuando estás construyendo tu propio caso, desviando la culpa o enfadándote. Si no puedes escuchar con calma y practicar la escucha activa, retrasa la conversación hasta que puedas hacerlo.



¿Hay algún momento para plantear retos o sugerencias?

Cuando has sido el oyente empático y has dedicado una buena cantidad de tiempo a permitir que el interlocutor se desahogue y procese, es probable que llegue a alguna conclusión o solución por sí mismo. O tal vez siga confundido, pero se sienta aliviado y tenga más claridad que antes.

Una vez drenada la emoción y pronunciadas y escuchadas las palabras, puede ser apropiado que ofrezcas sugerencias o cuestiones algo que consideres que debe reconsiderarse.

Pregunta siempre al interlocutor si desea tu opinión antes de ofrecerle tus palabras. En este punto, debería confiar en ti y reconocer que no le estás juzgando.

Ahora es el momento de practicar actividades de escucha empática

La mejor manera de convertirse en un oyente empático y activo es la práctica. Busca oportunidades para escuchar a un amigo que esté pasando por un problema o a un compañero de trabajo que esté afrontando un reto laboral.

Esfuércese por escuchar mejor a su pareja, incluso en momentos de conflicto o enfrentamiento. Tu capacidad para escuchar con empatía puede aliviar una pelea y servir de modelo para la futura comunicación en pareja.

Recuerda…

☑ Concéntrate en la otra persona y en lo que dice.

☑ Utiliza la empatía en lugar de la simpatía.

☑ Ofrece tiempo suficiente y no te distraigas.

☑ Abstente de juzgar o dar consejos.

☑ Reflejar lo que dice el orador.

☑ Haz preguntas abiertas.

☑ Fíjate en el lenguaje corporal.

☑ Respeta los momentos de silencio.

☑ Mantén la calma y la compostura.

La escucha empática te enseña a ser una persona más atenta, humana y cariñosa. Y el mundo necesita mucho más de eso.

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